21/9/2007

Mein Kampf

Categorias: relatos

Me despierto de mi breve siesta, como si sintiese la presión de la mirada de una joven niña, tan clara y sincera, tan viva…. tan distinta a la de todos los mayores que la rodeaban siguiendo sendas invisibles que se entrelazan y hacen funcionar al reloj de la civilización como precisos engranajes.
Levanto mi mirada, ha desaparecido… en su lugar mi mirada ya solo tropieza con miradas severas, duras, heladas…

Me sorprendo, había belleza allí, mucha belleza, la civilización organizada en un caos que todos siguen, comparten, disfrutan, odian, sin apenas rozarse, o algunos con más roce del estrictamente necesario.

La estación se iba vaciando poco a poco, había tenido tiempo para observar a la gente, desde mi posición privilegiada que cuidadosamente había escogido cuando llegué aquella mañana, no acababa de asimilarlo, pero la gente, su movimiento hipnotizante, su baile de colores, ropas, formas, sonidos… todo ello me había distraído durante el día, con el tránsito del último tren, la realidad me golpea con su duro puño… esta noche dormiría en la calle.

Enrique Dominguez Fdez.

Disclaimer: esto está escrito deprisa y corriendo en la espera en la Estación Delicias, robando una wifi… ruego sean vehementes con mi pobre prosa.

1/9/2007

Soria fría, Zhivago

Categorias: relatos

… cuando Carlo Ponti empezó la preproducción de la película “El doctor Zhivago”, consultó a un nutrido grupo de expertos meteorólogos cuál era el sitio de Europa en el que se podrían rodar las escenas invernales de la película, con total seguridad de la presencia de nieve durante todo el rodaje. Los expertos le dijeron que el único sitio que reunía esas características era Soria. Ponti no lo dudó y preparó todo para establecerse en la capital numantina. Pues bien, por esas cosas del cine, resulta que ese año precisamente fue uno de los pocos que se recuerdan como un año en el que la nieve brilló por su ausencia. Ponti, ni corto ni perezoso, emprendió la construcción del decorado majestuoso de una estepa toda nevada, a base de escayolas, cristales etc…”una obra faraónica”… toda falsa, y carísima, qué duda cabe. Pero la película se rodó allí. …

… También durante el rodaje de “El Doctor Zhivago”, convirtieron la estación de Soria en una estación rusa, toda llena de soldados de la revolución, de hoces y martillos, de fotografías de Lenin, y en fín toda esa parafernalia… Imagínense Soria pura y dura… de derechas derechas… franquista a más no poder… convertida en pocas horas en la Rusia comunista. Pues bien, cuentan que un aldeano que venía de trabajar la tierra en Almazán, se quedó dormido en el trayecto que separa este pueblo de Soria… Cuando despertó se encontró a la Soria de su alma convertida en patria Bolchevique, y su cuerpo serrano no lo resistió más de unos segundos. Murió en ese andén cubierto por la bandera (no la bicolor sino la roja) y creyendo sin duda que los rojos habían dado un golpe de timón a la situación española. De vencedor se convirtió en vencido. Nadié comprobó la filiación política del tal labriego, por lo que no puedo asegurarles si murió de gozo o de terror… pero murió, dicen que murió… Y si non e vero e ben trovato.

Juan Echanove (1961 - ????)

31/8/2007

Amigo Lucifer

Categorias: relatos

Me sentía cada vez más cerca de morder la manzana. Ya siento cómo mis labios la rozaban tan sutilmente que parecía que la besaba.

Necesito una dosis. ¡Ah, mierda!, tienes que actuar rápido.

LuciferCada vez que recuerdo aquellos días, se apaga la luz que aún me queda. Yo, tecleando horas frente a la pantalla, que bañada por el polvo me animaba a continuar escribiendo, o mejor dicho, moldeando mi futuro, un futuro que se tornaba cada línea hacia lo inesperado. Yo planteaba la pregunta, pero mi subconsciente respondía, llevándome a las situaciones más absurdas que se le ocurrían. Mi interior me mareaba, la cabeza me daba vueltas, y con unos dedos que se enfriaban a cada instante…

Una segunda me acercaría a mi fatal destino.

Veía que por fin la luz que llevaba esperando unos instantes se acercaba, cada pulgada que se acercaba la hacía más grande y distorsionada, bailaba de izquierda a derecha, en verdad no se si estaba con o contra mi, por fin, se encendió el cigarro, ese Camel me supo a gloria, una gloria llena de matices que en aquel momento no estaba en disposición de apreciar. El olor a desierto entró como un tornado por mi aparato destinado a olfatear como un perro viejo. Tengo que decir que a pesar de la cajetilla diaria, aún era capaz de apreciar los pequeños grandes placeres olfativos que antaño había podido disfrutar a menudo. Aún recuerdo el olor de ella, gozaba de la frescura de la rosa recién cortada que mantiene aún la humedad del rocío de la mañana. Otro olor… su humedad, que embriagaba y embriagaría a cualquiera, era una borrachera de orgullo, que respirabas a menudo, amigo. Por qué la dejaríamos escapar con el del sótano. Pedro, ¿cómo me haces esto?, triste diablo, sabíamos que era objeto de deseo para todos los mortales, ¿pero tú?, tú también tenías que caer, y caíste, ella contigo…

Me inyecté por tercera vez.

El sabor del humo era más tostado que de costumbre, todo el canuto estaba ya manchado del aceite que lo humedece. Ahora tenéis la misma función, tu y el pitillo, dos vicios con un mismo destino. Por fin llego a donde quería llegar, el atrio del fuego, ¿donde estás, Pedro?. Allá donde estuviera, semejante hijo de perra no podía dignarse a recibirme, no, el capullo de rojo era demasiado importante para personarse allí, claro, estará ocupado jodiendo a otros gilipollas como yo, cuya esperanza quitara de sus brazos a base de gatillazos.

Infierno

No, ahora ya no podía hacerme nada, estábamos por fin en las mismas condiciones, nadie tenía nada que perder, lo cual no podía mas que llevarnos a la encarnizada lucha, yo creía que aún tenía algo que salvar y su único objetivo era anotarme en su lista, la de los que no saldrían. Desde luego que no, no saldría, pero aquello es peor mucho peor. No había visto nunca rejas como las que me mantenían en aquel estado, no creía que aquello fuera capaz de retenerme para siempre. Pero lo hizo, las llamas me ahogaban, pero no podían quitarme del medio, no podían acabar conmigo.

Algo debía haberlo hecho ya.

Habíamos cargado la balanza durante años, y mis dedos, ya no… ya no…

Tú, tú si que sabías como calentármelos. Desde el primer mordisco a la manzana no dejamos de comer. Recuerdo el primero, de película, grande cómo nadie en capaz de imaginar, sólo tú y yo. Solos tu y yo, comiendo la manzana del pecado. Tanto comer, que cuando llegó tu momento, Pedro, ya sabes, te cogió, y se llevo consigo mi manzana.

Ah, si alguna vez me volvieran a dar de comer en este infierno…, querré una manzana que caliente mis dedos como tú, cuando se vuelvan fríos de soledad. Que me abrace, que proporcione la humedad a mis labios, que me mate con su boca a boca.

Enrique Domínguez Fernández (1985 - ????)


Aclaración al pie:
Ya que Txema se animó a compartir con nosotros su vena literaria, he seguido su ejemplo y he sacado a la luz uno de los pocos relatos de los que no me siento totalmente avergonzado. Espero que no seáis unos críticos demasiado crueles y tened en cuenta que esto fue escrito hace casi cinco años, por un pardillo estudiante de bachiller… aun si decidís descuartizarme, os animo a dejar un comentario, más que nada por saber si todavía me lee alguien.